En el fondo uno cree que aprende, pero nunca aprende nada. Siempre viene la frustración. Por suerte ahora tengo el consuelo de saber que al menos puedo meter mi dedo meñique en el orificio de tu naríz y escuchar esta canción.
En los pajares yo me acorazo contra el dolor, tengo en mis ojos la faca y oculto en mi corazón un reloj que mide el tiempo y que mide la ilusión, y si el alma me traiciona con un loco berretín me tiro a muerta y lo dejo que llegue solicito al fin.
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